Dilema en la adopción
internacional
Por Lina
Maria Castro
Antes de pisar suelo
dominicano, Mónica Buitrago, una joven arquitecta bogotana, no pensó que
aceptar ser instructora de voluntariados internacionales le traería un cambio
en su proyecto de vida. A sus 29 años, y
a punto de graduarse de una maestría en arquitectura sostenible, encontró el
amor en un pequeño niño de 7 años. Ahora, se encuentra en medio de un debate,
no solo personal, sino también legal para adoptarlo.
Tomo un Transmilenio
para ir a reunirme con Mónica, después
de que me postergara varias citas por falta de tiempo. La llamo al apartamento porque no tiene
celular y le aviso que voy en camino. Después de media hora, llego a su
edificio en el barrio Mirandela.
Mónica mide un poco
más de metro sesenta, es delgada y tiene la piel blanca, llena de manchas,
seguramente producidas por el sol. A primera impresión parece una mujer
sencilla. Aunque lleva su cabello recogido en una especie de chongo, dos largas
rastas o “dreadlocks” caen por detrás de su nuca. Usa pantalones anchos y
coloridos como los de los hippies, una camiseta básica y chanclas.
Su apartamento está
lleno de adornos que ha conseguido en sus viajes al rededor del mundo, y de
maquetas de futuros proyectos. Todas sus repisas están llenas de color...
Mientras me detengo a mirar la decoración, ella va a la cocina, me prepara agua
aromática y empieza a contarme sobre su último voluntariado: dos meses en el
barrio conocido como “La Bombita”, en el municipio de Azua, al Sur de República
Dominicana, construyendo una vivienda semilla en bloques de tierra y jugando con los niños de la comunidad.
El día a día
-
Los
días comenzaban con el desayuno a las 7:00 de la mañana. Nos recogían una Jeep,
por grupos porque no todos cabíamos, éramos 18. Llegábamos a la obra y los
niños corrían a recibirnos gritando nuestros nombres.
Ni la insoportable
temperatura, entre 35 y 36°C, impedía
que todos los niños fueran muy cariñosos e hiperactivos. La vivían abrazando y le
hacían trenzas. Incluso hubo época de cartas y a todas les escribían “te quiero
mucho mejor amiga”. Pero un niño en particular la marcó: Sandiel, un tímido niño
de 7 años, que hacía caso siempre, le sonreía sin un diente y, poco a poco,
fue estableciendo una conexión con ella.
-
Él
era el diferente, no habla mucho pero me escuchaba y me hacía caso. Criados en
el mismo contexto, en el mismo barrio, las mismas familias, educación y
situación económica. […] De 7 años, pero
te hablaba como si fueran de tu edad, dice con la mirada hacia el piso.
A su corta edad,
Sandiel vende chatarra que recoge de las basuras o de lo que encuentra por la
calle que esté hecho de cobre algún otro metal, bien pueden ser latas o las
cadenas de bicicletas viejas. No le pagan mucho, aproximadamente 20 pesos, pero
con eso le alcanza para comprar algún dulce. Recogía la chatarra y se iba a
venderla para poder comprarle dulces a Mónica. Sandiel recuerda, y me da quejas
simultáneamente, porque cuando lo hacía, ella no aceptaba sus dulces y se ponía
brava porque no comía. Pero no porque no quisiera, no comía porque no tenían
qué comer.
La dura situación
que se vive allá los obligó a vivir el día a día. No se preocupan por el
futuro, ni siquiera el cercano. Los dominicanos consiguen a la hora del
desayuno lo que van a comer, pero no planean ni el almuerzo o la comida. Es una
cultura totalmente diferente.
Tan cerca,
pero tan lejos
-¿Por qué te quiero
tanto? – le pregunta Mónica entre risas.
- Yo no sé, yo a ti
también y me encanta cuando te ríes con esos muelones que tie.. le responde
Sandiel, pero la video llamada se corta y no alcanza a despedirse.
Esta es la única
forma que tienen de comunicarse. Uno de los jóvenes de la favela, que sigue en
contacto con Mónica, visita por lo menos una vez por semana al pequeño y le
presta su celular para que se conecte en Skype con ella. Sin embargo, aunque
Mónica tome la decisión de adoptarlo y la madre del niño esté de acuerdo, no le
aprobarían el trámite. En CONANI, la
entidad de adopciones de República Dominicana está estipulado que si se hace
una adopción internacional se deben tener más de 30 años y una pareja sentimental de más de 5 años.
Y el panorama en
Colombia no está tan alejado, aunque acá se permitan adopciones a familias
monoparentales desde los 25 años de edad, se está trabajando en un proyecto de
ley en contra de la adopción a parejas del mismo sexo, que tampoco permitiría a
personas solteras adoptar.
El dilema
La joven quiere
adoptarlo, pero se preocupa por cómo puede afectarle el cambio al niño. “Por
querer ayudar puedo dañarlo”. Cuando se acabó el voluntariado, la madre del
menor le sugirió que se lo llevara. Pero
sería cambiarle todo su estilo de vida: familia, educación, amigos, cultura… Si
consiguiese la adopción deben adaptarse, él a vivir en Colombia y tener otra
mamá y ella deberá aprender a permanecer en un sitio estable y a ser madre
soltera.
Las posturas sobre
el tema de la adopción monoparental son diversas, mientras la senadora Vivian
Morales rechaza la ley colombiana, una funcionaria del bienestar familiar me
asegura que una mujer soltera, teniendo
la parte económicamente bien definida es apta para adoptar. Los niños en la
primera infancia necesitan el cariño y
apoyo en su formación integral para que no toman otros rumbos.
-
Sandiel,
a esa edad puede adaptarse al estilo de vida e irse construyendo, me explica
Hilda Zamora, quien precisamente trabaja desde hace más de 30 años, haciendo
apoyo a niños vulnerables de edades entre los 3
y 7 años.
Después de casi una
hora de charla, Mónica se levanta del sofá y me trae fotos de Sandiel con ella.
La nostalgia llega y con ella, el papel maternal que lleva dentro. En las fotos
se nota la difícil situación que se vive en La bombita, y toda la alegría que
sentían los niños por el voluntariado.
Son niños que a pesar de tener padres, carecen de afecto y cuando lo
consiguen lo expresan de todas las maneras posibles.
-
Los
dominicanos son muy machistas y celosos.
Él se ponía celoso cuando abrazaba a
otros niños, a otras niñas, que por hablar con fulanito […] Un día me regaló
flores y después me las quitó, relata Mónica.
Ahora, a esta
bogotana solo le queda conseguir una pareja y esperar un año más, porque la
otra opción que tiene es irse a vivir a ese país. Aunque las opciones de conseguir
trabajo allá sean tan remotas, y más para una mujer soltera.
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