Por Lina Castro.
Colombia, un país colmado de
instituciones que enseñan, en su mayoría, con teoría, y menosprecian el saber
práctico, es el escenario en donde se lleva a cabo Disturbio, una crítica a los modelos educativos. La obra, con la que
el carmero, Miguel Ángel Manrique, llega a lo que es, hasta ahora, la cumbre de
su carrera como escritor, sigue la historia de Manuel Martínez, un estudiante
de literatura, criado bajo ideales socialistas y tildado de ignorante por sus
gustos “populares”, y el incendio de la biblioteca, a cargo de un grupo de
tropeleros de universidad.
Manrique, deja ver a través
de la obra, su postura frente a las prácticas de educación literaria que
acostumbran a impartir en las universidades, en donde estudian teóricos y obras
clásicas, pero no las cuestionan; recitan
figuras literarias y estructuras gramaticales, mas no leen; veneran a autores, y sobre todo, copian estilos. Se
yerra porque, tal como dijo la escritora francesa, Simone de Beauvoir: “Escribir
es un oficio que se hace escribiendo”; en el caso del libro, se aprende de
revolución, viviendo una.
Sin embargo, eso no es lo
que hace interesante al libro, Premio
Nacional de Novela del Ministerio de Cultura de Colombia del año 2008,
sino el estilo con que el autor rompe la narrativa. En el texto se incluyen
recetas, definiciones de la RAE, fragmentos del periódico, un grafiti, el
cartel y el programa del III Encuentro de literatura de la Universidad Nacional
para generar dinamismo. Y con
referencias de escenas de películas, canciones y libros, Disturbio logra contextualizarnos múltiples partes del texto, hacer
volar nuestra mente y amenizar la lectura, comparando obras. Claro, si no está
muy inmerso en productos de los anteriores formatos, tanto populares como
clásicos, puede que el juego estético, prolongue su interpretación. Pero no se
preocupe, Manrique también recurre a la descripción tradicional para ubicar al
lector en la ciudad y los sitios donde transcurren los acontecimientos que se
presentan en la narrativa.
Igualmente, el autor hace
uso de figuras como la comparación, la metáfora, y la onomatopeya para hacernos
entender la borrachera en la que andan Manuel y sus nuevos amigos en su primera
noche de rumba en el Sur, una jugada de nuevo arriesgada por involucrarle tanto
enriquecido al texto, mas no llega a hacerlo sentir recargado.
Sería conveniente aclarar
que no es una lectura recomendable para menores de edad debido a que, aunque en
225 páginas, logra tocar con un poco de sutileza temas fuertes como la zoofilia, el abuso, el sicariato, la prostitución y el,
tan famoso, bullying; también es una obra que proporciona instrucciones que
involucran el uso de materiales altamente peligrosos, aunque la única revolución
que aspira sembrar el autor, es una revolución de ideas.
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